“A mí me intrigaba (me intriga) no tanto el carácter nacional como lo que oculta ese carácter: aquello que está detrás de la máscara. Desde esta perspectiva el carácter de los mexicanos no cumple una función distinta a la de los otros pueblos y sociedades: por una parte es un escudo, un muro; por otra, un haz de signos, un jeroglífico. Por lo primero es una muralla que nos defiende de la mirada ajena a cambio de inmovilizarnos y aprisionarnos; por lo segundo, es una máscara que al mismo tiempo nos expresa y nos ahoga.”
Octavio Paz, Posdata.
Siglo XXI Editores, 1971
Al decir Manizales, y decir con ello más que su nombre, su ser: lo que es Manizales, los manizaleños caemos – irremediablemente - en un prontuario de elogios: Eje del conocimiento, Ciudad Universitaria, Una ciudad Culta, con la Feria Taurina más antigua de América Latina, de Puertas Abiertas, amable, cívica, tranquila, limpia, Capital del café (del Viejo Gran Caldas) recientemente, incluso, Manizales bilingüe, y de manera macabra y premonitoria, Capital Mundial del Agua (100% potable) Ciudad blanca ¡¡¡Ay Manizales del alma!!!.
Asumamos que es esta nuestra máscara, nuestra mermelada sagrada, en si misma enredada: hibrida. Un manizaleño ejemplar, sacado al azar de entre el resto, debería tener vasto conocimiento (¿sobre qué?) producto de su paso por una educación superior de calidad, ser amable (siempre mejor que conflictivo) bilingüe, capaz de tomarse un café para hablar de cultura (teatro, literatura, toros, etcétera) ¿Qué oculta la máscara? Quizás la Manizales que ahora, con unos pocos días de lluvia se conmociona y remueve, es vista con asombro por foráneos (periodistas, políticos, ministros, presidentes, incluso algunos manizaleños) que al sorprenderse por lo que ha pasado, la nombran: indolente, negligente, indiferente, dominada.
Indiferente: no diferencia. ¿Qué significa para Manizales ser indiferente? Ensayamos respuestas: No tiene un futuro, una visión compartida de futuro. A nadie le importa Manizales. A los manizaleños no les importa Manizales. Nadie quiere ser Manizales. Manizales es un territorio en préstamo, como una casa en alquiler. En alquiler -mientras termino la universidad-. Manizales no merece ser tenida en cuenta. En Manizales cada quien va por lo suyo, el resto…
Algo de la identidad/máscara, y su doble, identidad/sombra que oculta, se recogen como testimonio y aparece en las imágenes del Concurso de Fotografía el Transeúnte – 3, realizado en el Marco del Proyecto Imágenes y Relatos de Manizales. Manizales vista por treintaiuno (31) Manizaleños, que la recorrieron con sus propias brújulas, cuando ya anunciaban el tercer día sin agua.
En síntesis: Manizales desigual. Contraste entre símbolos religiosos (por todos lados) y graffitis (en los rincones, medio tachados) entre edificios inteligentes y las construcciones de bareque (como esperando caerse) entre doscientos (tal vez trescientos) haciendo fila con sus baldes y dos guardas moviendo la manguera hacia el tanque del edificio. En el medio lo popular: la galería, escaleras, tres gatos asomados, piñas, dados, sombras, reflejos.
Al final, los instantes decisivos: en mitad de una falda un hombre solo empuja su zorra llevada por un caballo blanco. Otro espera en la sombra – la del puente- atrás un mural del antiguo ferrocarril. La ciudad se desdibuja, su memoria va al viento. ¿Seremos capaces de soñar (para que otros puedan ver) una Manizales diferente? Que decir Manizales, signifique otra cosa; rehacer nuestra máscara, dar luz a las sombras.
Luis David Acosta
Imágenes y Relatos de Manizales
Fundación Visión y Gestión Ingeniería Social
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